La convocatoria efectuada por DRY (plataforma en la que se integran numerosas organizaciones, como Attac o Juventud Sin Futuro) para el 15 de mayo fue un éxito en toda España, destacando sobre todas las demás las manifestaciones de Barcelona, Valencia y Madrid. Unas 130.000 personas se manifestaron aquel día en toda España. Y eso, sin contar con una mínima atención previa en los medios de comunicación tradicionales: TV, radio y prensa. Internet demostró su enorme poder como herramienta para la comunicación dando difusión a la convocatoria. Una vez terminada la manifestación, la red empezaba a arder con la subida y difusión de contenidos de todo tipo: videos, fotos y mensajes de texto sobre lo que acababa de pasar. Gente de toda España intercambiando impresiones e ideas sobre lo que había pasado y (esto es más importante) sobre lo que debería pasar a partir de ese momento. Tras finalizar la manifestación del 15-M en Madrid, un grupo de personas decidieron quedarse para continuar sus protestas (quizá en respuesta a la represión policial que tuvo lugar al final de la manifestación en la capital) en la Puerta del Sol, encendiendo así la mecha de las ya famosas acampadas en toda España.

Desde el manifiesto que DRY leyó el 15-M, el movimiento de los indignados se ha definido como apartidista, asindicalista, y aconfesional. Esto quiere decir que el movimiento no apoya a ningún partido en concreto, ni a ningún sindicato ni tampoco a ninguna religión, ni se reconoce representado por ninguno/a de ellos/as. Aquella persona que participe en el movimiento lo hará a título individual y como ciudadano. Tampoco gustan las banderas en el movimiento. Todo esto con el fin de ir sumando apoyos: veamos qué nos une y no aquello que nos separa. Y precisamente a todos los participantes del movimiento los ha unido una serie de reivindicaciones que han surgido formalmente de las acampadas, algunas de las cuales ya han podido llegar hasta el Congreso de los Diputados, y que se podrían recoger en algunos de los siguientes grandes bloques: eliminación de los privilegios de la clase política, derecho (no sólo teórico) a la vivienda, existencia de servicios públicos y de calidad, medidas contra el desempleo y la precariedad laboral, control de los bancos, fiscalidad progresiva, defensa de las libertades ciudadanas y creación de una democracia participativa (negación al control de internet, referéndums obligatorios y vinculantes, independencia del poder judicial, etc.). Así mismo, también se ha exigido la reducción del gasto militar y la reforma de la Ley Electoral vigente, que sobrealimenta al bipartidismo del PP y el PSOE, así como a los nacionalismos periféricos.
Una crítica del movimiento
Habrá, desde dentro del movimiento, mucha gente que no lo quiera ver, pero la inmensa mayoría de reivindicaciones surgidas desde el mismo son reivindicaciones netamente de izquierdas. Sin embargo, hay un sector de indignados que, no sé si por cierto complejo o por confusión, no se atreven a reconocerlo. Bueno, tampoco los que llevamos años pidiendo ese tipo de cosas buscamos el reconocimiento de nadie, simplemente seguimos en la brecha, luchando, ya sea solos o acompañados. Pero sería un error dejarse llevar por estos acomplejados o confundidos (o las dos cosas a la vez), muchos de los cuales puede que sólo busquen participar para que algún día, en el futuro, puedan decir aquello de “yo estuve allí”, en plan romántico y todo eso, y tengan algo que contar a sus hijos y nietos. Claro que, con eso solamente, no se transforma la realidad.
Por no confundirnos más, convendría empezar a llamar a las cosas por su nombre. Creo que eso liberará al movimiento de algunas trabas que hasta ahora ha tenido, y lo hará mucho más operativo. Seguramente habrá alguna gente que se sentirá traicionada si nos empezamos a reconocer como elementos de izquierda, pero bueno, las palabras están ahí y significan lo que significan. Llegados a tal punto, quién quiera bajarse del barco que lo haga, aunque sería una lástima. No obstante, merecería la pena pasar por un proceso de depuración si con ello el movimiento se hace más operativo. En esa dirección, se hace necesario establecer una estrategia que quede bien definida. En ella, por ejemplo, yo seguiría apostando por algunas de las formas de lucha que ya han caracterizado al movimiento, como la no violencia como respuesta, la acción directa de resistencia ante los desahucios, o las manifestaciones periódicas (la siguiente será el 15 de octubre). Pero habría que incorporar muchas más formas de lucha y articularlas. Por ejemplo, creo que habría que aprovechar mucho más de lo que se ha hecho el acceso al debate parlamentario del Estado, pues hay diputados que han estado, están y seguramente estarán (esperemos que siga habiéndolos) dispuestos a hacer llegar las reivindicaciones del 15-M al Congreso de los Diputados. Igualmente digo respecto a los parlamentos regionales. Y porqué no también cabría hacer lo mismo en los plenos municipales (claro que para esto se haría necesario la existencia de asambleas locales en los pueblos). Otra vía que habría que ir abriendo sería la construcción de una alianza con los trabajadores y trabajadoras de este país. Aunque el movimiento sea asindicalista, y aunque los sindicatos mayoritarios estén tan desacreditados en este país, no se puede olvidar que todavía son ellos los que tienen el poder para convocar una huelga general, por ejemplo. Por eso, repito, convendría deshacerse de ciertos complejos y poner en funcionamiento una estrategia que nos lleve a conseguir objetivos concretos. La suerte del movimiento dependerá de ello. Con el verano buena parte del movimiento se ha ido de vacaciones (los estudiantes universitarios son mayoría, y en verano cada uno se va a su casa), pero el curso 2011/2012 espera, y será a lo largo del mismo cuando el movimiento alcance el éxito, en base a conseguir objetivos, o muera, si no consigue liberarse de las cadenas que lo lastran.
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